El fotoperiodismo en México no es un juego de niños
Las
notas periodísticas son bien conocidas por todos. Aquellas que se encargan de
mantenernos informados sobre los hechos de nuestra actualidad. Y aunque hay
periodistas bastante reconocidos por su labor informativo, hay unos que pasan
de largo. Aquellos que con los retratos de los hechos, casi nos transportan al
lugar donde éstos ocurrieron.
En
esta sección, hablaremos sobre el fotoperiodismo en México, así como de sus
distintas variantes y situaciones. Semana tras semana, iremos develando esta
parte tan fundamental del periodismo que muchas veces se ve menospreciada.
Y
es que no es claro para todo el mundo que ser fotoperiodista en México es
dedicar tu vida a tu trabajo y a veces incluso darla por él. Porque bien dicen
que una imagen vale más que mil palabras. Ser fotoperiodista en un país con tan
poca protección para el periodismo como lo es México, debería de ser
considerado un trabajo de alto riesgo.
Pedro
Valtierra, ganador del Premio Nacional de Periodismo, mencionó en una entrevista
para Cultura Colectiva que el fotoperiodismo ya no es lo que era. No tanto por
la falta de imágenes potentes o llamativas, sino por el poco espacio que los
medios dedican a un discurso visual de mayor profundidad, como los
fotorreportajes.
De
este modo, aun teniendo al mejor fotorreportero, no les va a servir de nada si
solo lo tienen tomando fotos para complementar las notas.
¿Es
necesario un espacio definido para contenido visual? Claro que lo es. En una
época donde cualquiera con un celular toma una foto, la publica y la difunde,
es necesario conocer la diferencia entre una fotografía “viral” y una
fotografía profesional. Hay que saber capturar la esencia de lo que se quiere
transmitir. No es solo disparar por disparar, uno debe saber cuál es el
propósito al que se quiere llegar con esa fotografía.
Asimismo,
en varias ocasiones habrá que tener nervios de acero. Claro, no es lo mismo
dedicarse a fotoperiodismo cultural que al noticioso, o al político. Porque,
obviamente, no va a ser lo mismo pasarte el día fotografiando eventos o
festivales que tener que ir a las tres de la mañana a fotografiar a un señor
que apareció muerto en medio de la calle.
Aunque
aquí también hay otra traba. La falta de libertad de expresión es un problema
que no ha hecho más que hacerse cada vez más grande a lo largo de los años. Es
tanto el desinterés hacia los fotorreporteros, que no existen cifras exactas
sobre cuántos mueren al año. Aun así, tan solo en 2016, 68 periodistas fueron
asesinados en todo el país.
En
2017, México fue catalogado como el segundo país más letal para periodistas en
México. En 2018, Mario Vargas Llosa dijo en una entrevista a Aristegui que el
hecho de que haya 100 periodistas asesinados es en parte culpa de la libertad
de prensa que se les da, permitiendo a los periodistas decir y mostrar cosas
que antes no se les permitía.
Aquí, el narcotráfico juega un papel de suma
importancia pues es en varias ocasiones la causa de la muerte o desaparición de
estos periodistas.
Sin
embargo, la libertad de prensa no es un lujo, ni un premio que se ha ido
ganando con el tiempo. Es un derecho y debería de ser tomado con la seriedad de
uno. Y los informadores no dejarán de morir, los reporteros no dejarán de
desaparecer y los fotógrafos no dejarán de ser acribillados hasta que se tome
como tal.
Sea cual sea la plataforma a la que se dediquen: periódico, internet,
revistas, radio. Nadie debería morir ni sentirse amenazado solo por buscar
decir la verdad, por hacer lo que le apasiona, en donde sea y cuando sea.
Ya
sea fotografiando el Xantolo en Veracruz, o una fosa clandestina en Oaxaca,
nadie debería morir por tratar de reflejar la cruda realidad en la que vivimos.

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