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martes, 23 de abril de 2019

Crónica / Viacrucis un respiro de esperanza para el pueblo celayense/ Aimé Lugo

Via Crucis:
  Un  respiro de esperanza  para el pueblo celayence

Por: Aime Lugo

Celaya, Guanajuto, pueblo de la Virgen de la Purísima Concepción, rodeado de jacarandas frondosas que adornan las calles de pavimento con pequeñas flores moradas, con su gente amable y hogareña, donde a  un desayuno cotidiano  no le puede faltar un buen bolillo repleto de cajeta envinada y en donde por supuesto al atardecer la ciudad se envuelve en una profunda calma amenizada por el cantar de los pechos rojos, golondrinas, torcacitas y demás aves que llenan de vida los árboles y uno que otro cable de teléfono, acompañados de una campanada seguida de otras, que pueden nacer en el centro o a las orillas de la ciudad, en alguna de las 30 iglesias que hay en la ciudad, de repente, se rompe la calma y una parvada sale despavorida, una balacera en el eje principal la ciudad  y 6 autos quemándose opacan el atardecer, no se sabe si dentro hay personas.
 Al anochecer y buscar las páginas y medios del “Llanero solitario”, uno de los pocos periodistas que siguen cubriendo noticias relacionadas al crimen organizado, específicamente a los carteles del Mencho y el Marro, la sociedad se entera que no, no fue un día tranquilo, no solo hubo una balacera sino 6, que  se encontraron más cuerpos en el río de la Laja,  que secuestraron a más personas y entraron a asesinar a otras tantas, en su hogar, en las colonias  Valle Hermoso, El Campanario, Naranjos, Álamos, Tres Guerras, Insurgentes, Bosques, Jardines, en los barrios de San Miguel y San Juan e incluso en una de las colonias más conocidas y representativas de Celaya, La Alameda y al llamar a sus parientes para calmar la preocupación y saber si están bien, se  cuentan que al vecino, al primo, a un amigo o al que caminó al lado de ellos lo asesinaron, secuestraron a su familia, lo secuestraron a él o lo amenazaron dentro del mismo bar al que acudía después del trabajo a pasar el rato con sus amistades, junto con otras 20 personas, o simplemente fue al centro a comer una tostada de ceviche, junto a la bola del agua y una Taho blindada que pasó cerca, llena de encapuchados comenzaron a disparar al azar, con sus   armas adornadas con San Juditas de oro incrustados en ellas, sólo pasó.

Perdón, oh Dios mío, perdón e indulgencia, perdón y clemencia, perdón y piedad…
9:50 a.m Suenan las campanas del templo de la Purísima Concepción  en la colonia Tres Guerras.
Ya se pueden ver los altares en  15 esquinas de la avenida principal, representando las 15 estaciones del Via Crucis. Helechos frondosos, rosas blancas, listones morados y blancos, papel picado  acompañan y resaltan una enorme cruz de madera en el centro, en uno que otro altar hay diferentes santos y cristos,  en el altar de la doceava estación, una imagen del cristo de la columna llama la atención de dos niñitos que pasan por ahí, tomados de la mano de su mamá.
A las 10 en punto suena la última campanada que hace el llamado para dar inicio a la meditación del viacrucis, unas cuarenta personas caminan casi en procesión  hasta llegar al templo que se encuentra al final  de la avenida principal.
De fondo, canciones de banda y norteño acompañan a la gente, vienen de  una de las tantas vecindades que hay ahí y rompe la solemnidad que el día amerita. 
El templo se va llenando poco a poco y  un olor a copal envuelve a todo el que entra. Una de las señoras que se sienta en la primer banca, comenta que el padre va retrasado, por lo que comienzan a rezar el rosario y aprovechan para pedir por todos aquellos que  aún no se sabe cuál es su paradero, por todas aquellas madres a quienes mataron a sus hijos y por el Celaya, para que la virgen proteja y cuide a todos, creyentes o no, y los libre del mal que causan los carteles en la ciudad. 
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las súplicas que te hacemos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todos los peligros, oh Virgen Gloriosa y Bendita. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios…
El padre José Luis llega a mitad del rosario y todos se ponen de pie, saluda y comenta una serie de avisos parroquiales, primero, que la iglesia ofrece perdón a todo aquel que vaya con el corazón abierto a Jesús y Dios padre durante las actividades de la semana santa, como son el viacrucis y la exposición del Santísimo e invita a todos a orar  y ofrecerlo por la situación actual del estado de Guanajuato, comenta además que se rezará el viacrucis de la Virgen María, dada similitud con lo que muchas familias guanajuatenses y mexicanas viven.  
10:30 de la mañana camina Don Polo cargando una cruz pequeña pero que no parece ser ligera, acompañado de dos niños que cargan ciriales, uno cada quien. 
Una señora que carga una cruz desde su propia casa, comienza a cantar Perdón, oh Dios Mío, y el resto de personas le acompañan haciendo coro. 
Al llegar a la primera estación, el padre bendice el altar y  alguien  ya designado con anterioridad comienza a leer los rezos de la primera estación. Y una de las señoras al terminar este su participación, lee:
 ¡Que golpe tan duro recibiste, Madre mía, al saber que Jesús había sido aprehendido como si fuera un malhechor! Por la pena tan grande que tuviste, haz Señora, que no nos olvidemos nunca del sufrimiento de tantas madres, que tienen hijos en las cárceles.
La gente sigue caminando, se turnan para cargar la cruz y los ciriales,  bajo los incesantes rayos del sol y un viento que hace que a un niñito se le vuele la gorra, llegan a la segunda estación. 
Un perro sale de entre los manteles de la mesa y levanta la pata a sus anchas, para orinarlos, el padre, con la mano lo espanta y le grita “¡sáquese!”, el perro corre espantado por toda la calle y alguien que ya sabe lo que tiene que hacer, comienza a rezar.
El curso del Via Crucis sigue hasta la estación 11, las personas tienen que orillarse en la calle cuando pasan camiones y carros, al llegar  a ese altar, salen de la casa # 207, que está justo  a un lado, dos ancianos, ambos en silla de ruedas, llevados a la puerta por dos mujeres adultas, salen a la calle a escuchar lo que queda del viacrucis. El padre comienza a decir su letanía y  el señor que tiene el librito del  lo pasa a alguien más para que lea. 
La anciana que salió de la casa comienza a cabecear poco a poco hasta que se queda dormida. Suelta un par de ronquidos que apenas se perciben, el padre la ve reojo y sonríe levemente.
En esta estación, Doña Tere, ministra del templo, interpreta la décimo tercera estación, María en la sepultura de Jesús:
Madre de los dolores, que cuando sepultaste a Jesús, que era tu vida, fue como si tú misma te sepultaras; ten compasión, te pedimos, de las madres que pierden a sus hijos y sienten, como tú, que al perderlos, ellas mismas están perdiendo la vida. Consuélalas, Señora, con la esperanza de la Vida Eterna para ellas y sus hijos que han muerto.
La última estación se da en el templo, el padre es quien lo  reza y todos se hincan mientras escuchan:
Madre, déjanos contemplarte en la soledad tan grande en que te encuentras. Estás sola, muda por el dolor, sin lágrimas en los ojos, porque no tienes ni el consuelo de las lágrimas. Estamos viéndote sufrir con los ojos de nuestras almas, Madre mía. Escucha, Señora, mi Oración: te hablo como un hijo que necesita la ayuda de su Madre…
Amén, suena al unísono cuando el padre termina. Éste, les desea un buen fin de semana y da la bendición para después retirarse. 
Quienes tienen conocidos se despiden dentro del templo y todos van saliendo poco a poco.
Un par de personas comienzan a llorar muy discretamente, detrás de todos los demás. Es un tema delicado, se reza, se pide clemencia, perdón e indulgencia, pero más que por la crucifixión de Cristo, por el Via Crucis   que se vive ahí desde hace más de un año, por todos los que ya no están y se sabe, sufren, más que por la sangre de Cristo, por las gotas que se derraman día con día, a plena luz del sol, frente a primarias, iglesias, preescolares y cualquier escuela, más que por  el perdón de Dios, por el perdón propio, para liberar la culpa que sienten muchos al no poder hacer nada por cambiar la situación, y más que por la Virgen María, para la sanación de todos aquellos que no encuentran consuelo. 
Los eventos religiosos se la semana santa distraen a quienes a diario conviven con la violencia extrema en Celaya,Gto, se presenta como un respiro que los acerca a lo espiritual, alejándonos de lo terrenal.

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