Sábado, 13 de abril, un día que
para muchos es normal, donde es fin de semana y inicio de vacaciones de semana
santa, un día que para cualquiera lo mejor sería quedarse en casa, pero este
día no es tan típico, pues hoy juega la selección de Pachuca vs Veracruz, los
llamados igual tiburones.
Me encuentro a las 6:15 en la entrada de estadio, todo muy tranquilo por el lado Oriente pero yo busco la norte, me encamino a un paso moderado y de vez en cuando con premura, pues quiero ver como se llena el estadio de Pachuca, gracias a gusto y la pasión tuza.
Todo va muy bien y ya formada y a punto de que mi boleto lo revisan escucho risas, muchas risas y un poco de desorden atrás de mí, volteo y son muchos niños, demasiados diría yo, veo como bajan de los autobuses y tengo curiosidad, ¿De verdad les gusta el fútbol?, ¿Aguantaran un partido de dos horas sin aburrirse?, ¿Llevaran esa pasión que un adulto tiene por este deporte?, eran muchas preguntas y pocas respuestas, así que decidí esperarlos disimuladamente y entrar tras ellos.
Los infantes, decidieron sentarse en la parte norte, hasta abajo, casi llegando al pasto, su objetivo era poder ver más de cerca a los jugadores, mientras esperaban, ellos comían, platicaban y reían.
Llego el momento, sonó por los altavoces los lugares que tendrían los jugadores y se presentó a los equipos, los niños estaban extasiados por estar en este lugar, así que sin perder más el tiempo sonó el silbato, los jugadores del Pachuca empezaron, corrían y trataban de hablarse para pasarse el balón, mientras los niños que eran muchos expresaban su enfado cuando les quitaban el balón a los del Pachuca, discutían entre ellos por los que le iban a los Tiburones, todo seguía igual se quitaban avanzaban y entre intentos en el minuto 16, el jugador Leonardo Ulloa por parte de los tuzos metió gol contra los tiburones, provocando que los niños los adultos, todo público que se encontrara del lado de los tuzos festejaba parados, pensar que ese sería el único gol era inimaginable.
Me encuentro a las 6:15 en la entrada de estadio, todo muy tranquilo por el lado Oriente pero yo busco la norte, me encamino a un paso moderado y de vez en cuando con premura, pues quiero ver como se llena el estadio de Pachuca, gracias a gusto y la pasión tuza.
Todo va muy bien y ya formada y a punto de que mi boleto lo revisan escucho risas, muchas risas y un poco de desorden atrás de mí, volteo y son muchos niños, demasiados diría yo, veo como bajan de los autobuses y tengo curiosidad, ¿De verdad les gusta el fútbol?, ¿Aguantaran un partido de dos horas sin aburrirse?, ¿Llevaran esa pasión que un adulto tiene por este deporte?, eran muchas preguntas y pocas respuestas, así que decidí esperarlos disimuladamente y entrar tras ellos.
Los infantes, decidieron sentarse en la parte norte, hasta abajo, casi llegando al pasto, su objetivo era poder ver más de cerca a los jugadores, mientras esperaban, ellos comían, platicaban y reían.
Llego el momento, sonó por los altavoces los lugares que tendrían los jugadores y se presentó a los equipos, los niños estaban extasiados por estar en este lugar, así que sin perder más el tiempo sonó el silbato, los jugadores del Pachuca empezaron, corrían y trataban de hablarse para pasarse el balón, mientras los niños que eran muchos expresaban su enfado cuando les quitaban el balón a los del Pachuca, discutían entre ellos por los que le iban a los Tiburones, todo seguía igual se quitaban avanzaban y entre intentos en el minuto 16, el jugador Leonardo Ulloa por parte de los tuzos metió gol contra los tiburones, provocando que los niños los adultos, todo público que se encontrara del lado de los tuzos festejaba parados, pensar que ese sería el único gol era inimaginable.
El partido continuo y para los
niños esa pasión que traían no la podían contener, pues cada vez que los jugadores
de los tuzos se acercaban a la portería de su enemigo ellos contenían la
respiración, esperando a que se diera otro gol y eso no tardo tanto pues en el
minuto 25 otra vez Leonardo Ulloa metió gol, generando gran emoción por toda la
pasión, realmente todo creímos que los tiburones se iban a poner al parejo.
Un niño de tez blanca y delgado
llamo mi atención pues al parecer no todos los niños eran tuzos como yo lo
pensaba, se veía desanimado y como no, sus compañeros gritaban de emoción
mientras el maldecía por lo bajo, por la desesperación de que su equipo, ese al
que vino a ver, estaba teniendo una derrota demasiado rápido, algo que tal vez
el y todos lo que venían a apoyar ese equipo no esperaban.
Mientras analizaba al chico de
lejos no me percaté de que habían metido otro gol la selección del Pachuca, si
no fuera por todo ese entusiasmo y esos gritos, tal vez no me hubiera dado
cuenta, pero es que ya llevábamos 3 goles por parte del Pachuca y Veracruz
parecía no percatarse de tal hazaña, no se daba cuenta que estaba
desilusionando a su porra, a sus aficionados.
En estos momentos ya no sabía que
pensar, creía en verdad que el partido llegaría a emparejarse, pero, sin darnos
cuenta, la selección tuza metió dos goles más, sin tener piedad para los
tiburones, los niños se encontraban felices y los pocos que le iban al equipo
contrario ya solo pedían un gol por parte de su equipo, querían por lo menos
saber que habían luchado un poco, al parecer dios los escucho pues en el minuto
40, el jugador Diego Chávez metió un tremendo gol, alzando la vista de todos
sus aficionados, ellos creían que no se iba a lograr, los niños de equipo
contrario se sintieron vulnerables por primera vez en el partido, porque aunque
ya llevaran 3 goles de ventaja, eso no quitaba que podrían alcanzarlos y
talvez, solo tal vez, lograr ganar el partido, en este momento fue cuando todos
en este estadio se encontraban nerviosos.
El partido, el ambiente se
encontraba en suspenso y paso algo que aún no creíamos más posible todos, los
tuzos metieron otro gol, Edwin Cardona metió un gol en el minuto 45, antes de
terminar el primer tiempo, dos minutos más termino el tiempo, sonó el silbato y
los jugadores se movieron a vestidores, dejando a todos los espectadores con
dudas, queríamos saber que podría pasar, los niños no salían de su asombro,
pues el equipo al que le iban se encontraba con 5 goles a su favor.
En el medio tiempo, empecé a
observar a un más detalladamente a estos chiquillos, algunos eran muy jóvenes
tal vez de unos 8 o 9 y los más grandes entre los 12 o 13, lo que los distinguía
era su uniforme, pues era azul pero casi todos llevaban su playera de su equipo
favorito, “los fabulosos tuzos” como escuche lo llamaron los chiquillos, ellos
ya se sentían preparados para otro periodo de tiempo donde verían al equipo
ganar y otros muy pocos ver perder a su equipo.
Los minutos pasaron y ellos
convivían, veían a la mascota de los tuzos, realmente estaban emocionados, las
demás personas de igual manera solo buscaban que hacer mientras esperaban.
A las ocho de la noche sonó el
silbato anunciando el inicio del segundo tiempo y el calvario para la mayoría
de las personas, pues hablamos de un deporte que ha sido el favorito por mucho
tiempo de todas la personas y que van heredando ese amor a sus hijos y es como
lo veo con los niños de enfrente, ellos se encuentran nerviosos y sorprendidos.
El marcador en el minuto 50 marcaba
6 goles contra 2 goles, a favor los tuzos, realmente los tiburones sabían que
ya no podrían ganar y lo mejor que esperarían era que ya no hubiera más goles,
pero que equivocados estaban, en el minuto 56 Franco Jara metió el séptimo gol,
y ahí es en donde los chicos ya no podían de la emoción, yo no sabía bien por
que gritaban tanto pero lo entendería unos minutos después.
El partido seguía pero ya no se
esperaba más, las porras gritaban sus canticos para cada equipo y los niños
trataban de seguirlos a lo lejos, levantaban sus banderas y otros aventaban
palomitas, el tiempo paso y ya cuando pensábamos que el partido quedaría con
ese puntaje, Colin Kasim, de la selección de Veracruz, mete un gol en el minuto
81, era algo que nadie esperaba y que tal vez no le quitaría la victoria al Pachuca
pero les daba esperanzas tal vez falsas a sus aficionados, pero los tuzos no se
sintieron conformes con eso y en el minuto 84 y 88 metieron otros 2 goles, yo
solo escuchaba a los niños como le gritaban al potero de los tiburones “Pareces
coladera”, “Cierra más las piernas”, yo no podía creer como tan pequeños decían
esas cosas y se dejaban llevar de esa manera, pero son niños emocionados y
disfrutando el momento.
Ya estábamos por terminar el
partido, el marcador iba 9 a 2, favor Pachuca, los niños gritaban “Queremos un
décimo gol” “Uno más aún se puede”, “estos niños no tienen llenadera” pensaba
yo, pero ya no se pudo lograr otro
gol pues al minuto 93 el silbato sonó y
el partido termino, gritando todos, “tuzos”, “tuzos”, “Ganamos”, los infantes
estaban muy emocionados, yo no quise perder el tiempo, necesitaba saber por qué
tanta emoción y sin saber yo misma como me acerque a un grupo de 5 chiscos,
ellos empezaron hablándome, sobre cuál era mi equipo favorito o si había venido
muchas veces, pero eso me sirvió para que yo igual pusiera preguntar y supe que
era su primera vez en un partido y que además ellos venían de Guerrero y los
invitaron al estadio de Pachuca, cuando me hablaron de eso, les brillaron los
ojos y lo decían de una manera tan única, tan inocente, emocionante y amor a
este deporte y al equipo claramente, en ese momento entendí todo, pues es como
si les hubieran dado la mejor paleta del mundo, ellos vinieron hasta acá a ver
a su equipo favorito y este los lleno ganando el Partido o como ellos dirían “Dándole una goliza al
equipo contrario”, estos niños de verdad fueron muy amables y divertidos,
tardamos platicando que no me di cuenta que ya el estadio estaba casi vacío,
así que me despedí, me tome una foto con todos ellos y me marche.
Yo no soy fanática
del futbol y es la primera vez que pongo atención a mi alrededor, pero todo
estuvo lleno de sorpresas que no me arrepiento de haber ido y menos de haber
conocido como personas tan chicas sienten una pasión inmensa por equipos de
futbol y que ese amo lo seguirán transmitiendo por generaciones a todos.

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