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lunes, 4 de marzo de 2019

COLUMNA: El color púrpura

A los hombres también nos matan

Por: Natalia Baltazar Flores
nataliaayerim@gmail.com

Según estadísticas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU Mujeres), diariamente asesinan a nueve mujeres en México. El país donde ser mujer es un peligro, el país feminicida, el país donde te culpabilizan por haber sido asesinada.
Miles de mujeres alzando la voz, denunciando a sus agresores, marchando para que las autoridades se den cuenta de lo que está pasando. Miles de medidas que hay que tomar para “prevenir” que las quieran violar, que las intenten secuestrar. Cuando de repente sale un hombre a decir “a nosotros también nos matan, incluso más que a ustedes, mujeres”. Todo el machismo encapsulado cabe en esa frase y se digiere en una dosis diaria que termina por matar lentamente, en silencio doloroso.
Sí, a los hombres también los matan, pero no por ser hombres. A las mujeres sí las matan por ser mujeres. Castigo absurdo e irracional.
Los contextos de asesinatos hacia hombres y mujeres no son completamente distintos, ya que ambos se dan en México, y sabemos que este es un país violento: julio de 2018 se convirtió en el mes más violento con 2 mil 599 homicidios dolosos, según cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). Sin embargo, las razones para cometer los asesinatos sí son distintas y habrá que analizarlas para conocer cuál es el problema central.
A los hombres los matan en contextos de guerra, por tráfico de drogas, por cuestiones monetarias, y, ¿quiénes los matan? Otros hombres.
A las mujeres las matan por ser mujeres, porque se cometen crímenes de odio, porque quienes las matan (y, ¿quiénes las matan? Los hombres) fueron criados en una sociedad que normaliza la violencia contra las mujeres, que alega que el principal factor para violentar a la mujer es “porque nació mujer”.
De igual manera, cabe destacar que la metodología para matar a un hombre es completamente distinta a la utilizada cuando se mata a una mujer. A las mujeres las asfixian, las ahorcan, las violan, les echan ácido en la cara (y a veces hasta les dan un tiro de gracia al final), las desfiguran por completo, las parten en mil pedazos. A los hombres los matan a balazos, por golpes en la cabeza. Aunque ambos mueren, la agonía es distinta.

El objetivo no es restarle importancia a los asesinatos cometidos hacia hombres, ni mucho menos dejar a un lado este fenómeno que acecha la vida de los demás, más bien hablar de los feminicidios como graves problemas sociales, no ver a las asesinadas como un número más en la estadística ni revictimizarlas, sino ponerles nombre y apellido.

Aunque las razones que llevaron a un asesinato son distintas, queda claro que ambas (hacia mujeres y hombres) se deben analizar por separado, dándole la importancia que merece a cada una. Lo que no está bien es utilizar la frase “a nosotros también nos matan, incluso más que a ustedes, mujeres” como expresión que vulnera y disminuye la gravedad de la violencia feminicida que, aunque actualmente sea muy hablada y comentada, no termina con los casos de tortura y discriminación hacia el género, y siendo México un país con Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres en gran parte de su territorio, es importante dar a conocer toda esta información y no encerrarnos en la frase “a nosotros también nos matan”.

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